martes, 24 de noviembre de 2015


Crítica: POS ESO
Título original: Pos eso
**** (MUY BUENA)

España. 2014. 81 minutos. 
Dirección: Samuel Ortí Martí (Sam). Guión: Sam. Coguionista: Rubén Ontiveros. Una producción de Basque Films y Conflictivos Productions. Producción: Carlos Juárez y Sam. Producción ejecutiva: Carlos Juárez. Elenco: Anabel Alonso, Santiago Segura, Carlos Areces, José María Íñigo, Esperanza Elipa, Concha Goyanes, Mariví Bilbao y Álex Angulo. Música: Aritz Villodas. Sonido: Iván Martínez-Rufat y Martín Guridi. Edición: Remi Hueso. Diseño de vestuario: Flora Cuevas. Dirección de fotografía: Néstor De Les. Idioma: Español.
Presentada como película de Clausura en la 16° edición del Buenos Aires Rojo Sangre Film Festival.


 “Pos eso” es una rareza en el cine de animación español. Se trata de un film destinado al público adulto, realizado con la artesanal técnica del stop motion, más precisamente mediante claymotion, moldeando y animando muñecos de plastilina, repleta de referencias al cine de terror norteamericano mientras hace una crítica despiadada a la cultura popular española.
Este es el debut en la pantalla grande del hasta ahora cortometrajista Samuel Ortí Martí, mejor conocido como Sam.
La película cuenta la historia de La Trini (Anabel Alonso), una bailaora mundialmente conocida que abandonó los tablaos sumida en una gran depresión tras la trágica muerte en un accidente doméstico de Gregorio, su esposo y gran mataor de toros. A esto se suma que Damián, el pequeño hijo de ambos, comienza a tener síntomas que hacen creer que está poseído. Este drama familiar con tintes almodovarianos se entremezcla con la historia del padre Lenin (Josema Yuste) hijo de un dirigente español comunista que tras la muerte de su madre y al descubrir que ha sido utilizado por el corrupto, materialista, racista, pedófilo y homofóbico Obispo (Santiago Segura) entra en una crisis de fe.  La Trini va tras su búsqueda ya que solo el Padre Lenin puede practicar el exorcismo que puede salvar al pequeño Damián.
Sam utiliza el pastiche como recurso para construir el relato, utilizando guiños a los títulos de terror más icónicos del cine  como “La profecía”, “El exorcista”, “Poltergeist”, “El resplandor”, “Psicosis, entre otros.
Más allá de la historia que cuenta, Sam es muy observador, analítico y crítico con la cultura popular española y sus costumbres. La que se lleva la peor parte es la televisión basura, y los programas de talk-shows que inundan la pantalla vespertina, repleta de pseudoperiodistas que opinan de cualquier tema sin ningún tipo de conocimiento y miramiento ético. Pero no solo la televisión se ve parodiada, hay lugar para todo. Desde el “Aserejé” del grupo femenino español Las Ketchup a el fresco ‘Ecce Homo’ restaurado por la feligresa Cecilia Jiménez.
“Pos eso” está realizada con la artesanal técnica del claymotion. Aquí no se busca depurar la técnica para alcanzar la perfección, todo lo contrario, en la imperfección radica la belleza. Un claro ejemplo es la marca de las huellas digitales del animador en la cara de la madre del Padre Lenin. El único punto objetable en cuanto a su realización es la animación CGI que resulta pobre si lo compramos con el monumental trabajo para llevar adelante una película de estas características donde se destaca una animación fluida con gran capacidad al detalle de los decorados, el modelado de los personajes en plastilina y la iluminación.  Mención especial merece su banda de sonido que se apoya en la música flamenca aunque se cuela también algo de metal, genero que va a la perfección con el cine de terror.
“Pos eso” es una entretenida propuesta animada. Un pastiche de clásicos del cine de terror dentro de una gran parodia a la cultura popular española.

Trailer de "Pos eso"


Dalinger, Ezequiel.


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