lunes, 10 de diciembre de 2018


Finalizó el 19º Buenos Aires Rojo Sangre, el festival de cine fantástico más antiguo de Latinoamérica. Dos propuestas animadas formaron parte de su programación: “Aragne: Sign of Vermillion” de Saku Sakamoto (Japón) y “Todd and the Book of Pure Evil: The End of the End” de Richard Duhaney y Craig David Wallace (Canadá), esta última, integrante de la Competencia Internacional.


Aragne: Sign of Vermillion
En pocas palabras, “Aragne: Sign of Vermillion” de Saku Sakamoto (Japón, 2018) es la historia de Rin, una tímida universitaria, que se muda a un departamento de un edificio semiabandonado, con personajes extraños en los alrededores y que por la zona acecha un misterioso asesino. Una serie de sucesos inexplicables y repugnantes, harán que Rin comience a investigar sobre el origen de lo que sucede allí.
El film no es para cualquiera. La atención es permanente. Un pequeño desliz y estás sentenciado. La ópera prima de Saku Sakamoto - que también escribió el guion, produjo, animó e hizo la música - combina espiritualidad con un mundo de ensueño. La realización es impecable a partir de climas, secuencias, musicalización y colores. Durante la hora y cuarto que dura la película, el espectador se mantiene en pleno suspenso esperando la resolución de la historia entre los idas y vueltas del flashback que generan más suspenso que giros.
Sin ánimos de caer en spoilers, los insectos, lo real/fantástico, la incursión de experimentos clandestinos realizados durante la Segunda Guerra Mundial, una enfermedad cervical que se remonta a 40 años, una madre misteriosa que empuja regularmente un cochecito de bebé, un hombre rubio igualmente misterioso con capucha, un chica de pelo oscuro que puede ser un fantasma y una sociedad secreta de "personas elegidas" dedicada a repeler maldiciones a través de la magia meditativa son elementos que generan inquietud, miedo y repulsión. El combo de Aragne es demasiado y no todos son justificados. Sin embargo, cumple lo que promete: perturbar al espectador.


Todd & the book of pure evil
Hace ocho años se estrenó la primera temporada de “Todd and the Book of Pure Evil” por la señal Space, en la televisión canadiense. Dos años después se emitió la segunda. A seis años del cierre de temporada llega una película animada con un subtítulo particular: el final del final. “Todd and the Book of Pure Evil: The End of the End” de Richard Duhaney y Craig David Wallace (Canadá, 2017) se sitúa nuevamente en Crowley Heights. Allí Todd, Jenny y Curtis todavía lloran la pérdida de su amiga Hannah. Pero Hanna en verdad, está viva. Los tres deben juntarse para luchar contra el mal cuando el Libro del Mal en Estado Puro reaparece en el pueblo.
Amistad, amor, impotencia sexual, sexualidad, drogas, son los tópicos claves. Todd ya no es el Pure Evil y tiene dificultades para tener relaciones sexuales con Jenny. Curtis está enojado con él por haber matado a Jenny. Tras el regreso de The book of pure evil, el grupo debe de salvar al mundo una vez más. Atticus Murphy Jr vuelve a escena, pero esta vez del lado de los buenos tras haber estado encerrado en el libro y aprender que el mal es parte del pasado. Y Jenny no es Jenny.
El salto de personajes de carne y hueso a dibujos animados fue una decisión jugada. El resultado fue logrado. El final de la saga ahora parece ser parte del bloque Adult Swin mientras que sus antecesores eran límite entre lo bizarro y un humor absurdo poco logrado debido a las actuaciones. La animación permita que el universo del Pure Evil tenga más vuelo. Así mismo ocurre con las canciones del film de Craig David Wallace. Por momentos, limita con una ópera rock con los cuatro protagonistas cantando sus vivencias del heavy metal más épica compuesto para una ficción.

Jonatan Dalinger

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